— Digamos que sí, perdiste. — Y sentía que él iba a ser el siguiente. No se le daba bien este tipo de juegos.
— Vamos, chicos. No se desanimen, solo les hace falta un poco más de práctica. — Era fácil decirlo cuando la suerte estaba de su lado. Eso, y unas cuantas cartas clave ocultas entre sus ropas.
– Claro. Y por eso debemos seguir jugando aunque yo les gane – porque claro, él sabia que ganarle a piratas seguramente se sentía bien y Luca no tenía nada que perder.
– Vaya, que orgulloso. Yo te aconsejaría que protegieras bien tus cartas, Bainbridge. – aunque tampoco era mucho de fiar un consejo de alguien que acababa de perder.
— ¿Estas seguro de ésto? — él por su parte no quería beber demás, su resistencia era muy débil y temía por su actuar al estar bajo la influencia del alcohol.
– ¡Por supuesto! – el alcohol ingerido ya estaba empezando a llegar a su cerebro, dejándolo algo mareado y desorientado, pero al mismo tiempo feliz. Después de todo, dos botellas de ron todavía era algo muy poco para él. – Raaaaay… – se le acercó y apoyó su cabeza en uno de los hombros contrarios mientras suspiraba. – …creo que amo a alguien. – una confesión que sobrio nunca diría, ni siquiera al alguien en cuestión.